Los azulejos portugueses

El azulejo en Portugal, ha sobrepasado ampliamente su mera función utilitaria o su destino dentro de las artes decorativas para alcanzar el estatuto de Arte, como intervención  en la creación arquitectónica y urbana.
La existencia de un Museo Nacional del Azulejo en Lisboa deja bien patente el valor de este arte en Portugal, no sólo por el inmenso patrimonio existente a lo largo y ancho del país, así como en las antiguas partes del Imperio, desde Brasil a la India, pasando por las diversas latitudes de África

Panel de azulejos portugueses S.XVIII

  La utilización del azulejo, es común también en otros países, sobre todo en España, Italia, Holanda, Turquía, Irán o Marruecos, pero en Portugal adquiere una importancia particular dentro del conjunto de la creación artística. Por varias razones:

1. Por su uso ininterrumpido durante cinco siglos.
2. Por su aplicación como elemento arquitectónico para revestir grandes superficies interiores y fachadas de edificios.
3. Por entenderse, no sólo como arte decorativo, sino también como expresión de la renovación estética y del imaginario artístico.



 Oporto Casa Rica

El azulejo en Portugal se caracteriza por:


 Los testimonios más antiguos – conocidos – del uso del azulejo en el revestimiento monumental de paredes entronca con la tradición decorativa hispanomorisca. Fueron azulejos importados de Sevilla alrededor de 1503.
 





La presencia árabe en la Península Ibérica dejó una marca duradera en la cerámica. Sevilla, hasta mediados del siglo XVI, sería el mayor centro productor de azulejos, elaborados siguiendo técnicas arcaicas, como la decoración a cuerda seca y a cuenca (o arista).


Palacio de Sintra  vista de la Sala de los Árabes

La palabra AZULEJO es una de las tantas que han pasado del árabe al portugués y al castellano. Designa una placa de cerámica, un ladrillo, con una de sus caras decoradas y vidriadas.


ETIMOLOGÍA



De un material tan simple como una baldosa de cerámica vidriada, azulejos – que a su palabra árabe originalmente significaba “piedra pequeña” – es un legado que la cultura islámica ha dejado a los pueblos de la Península Ibérica después de la Reconquista y se convirtió en un éxito Portugal creación artística de los muchos murales que se pueden ver en este ejemplo hermoso país.


Museo del Azulejo de Lisboa: azulejeria morisca

En Portugal, sin embargo, parece como si la influencia morisca se hubiese prolongado durante más tiempo, no tanto por el estancamiento de los temas tratados como por la insistencia en cierto exceso en el revestimiento decorativo de los espacios, una suerte de horror al vacío.



Los motivos decorativos evolucionaron desde las filigranas y los encadenados geométricos moriscos hacia temas vegetales y animales, más próximos a la tradición europea. Nos encontramos en la transición entre el gusto gótico y el más puramente renacentista.





Barníz estannífero Llamado así por ser su base el estaño fundido con plomo, a los que se añaden sal, arena y agua


La mayólica es también el barníz a base de estaño y plomo, que se aplica sobre el azulejo ya pintado como un cuadro y  es el nombre que se aplicó desde el Renacimiento, al tipo de decoración  sobre loza estannífera


Azulejos de mayólica en la Iglesia de San Roque de Lisboa

MUSEO DEL AZULEJO 
El museo está situado en el convento de la Madre de Deus, fundado por Doña Leonor, viuda de Juan II en 1509. Es un edificio de estilo manuelino, con una destacable iglesia que fue restaurada durante el reinado de Juan III, siguiendo el diseño original renacentista.
 
  El museo se encuentra a medio camino entre la plaza del Comercio, a orillas del río Tajo en pleno centro de la ciudad, y el parque de las Naciones, la zona más moderna de Lisboa
 

 Iglesia del Convento de la Madre de Dios:  portada manuelina


Museo del Azulejo claustro del antiguo Convento de la Madre de Dios.


Coimbra Virgen del Carmen en azulejería

 A lo largo de la historia y la evolución de su fabricación por encargo de azulejos nos lleva, paso a paso, al conocimiento de la evolución de la sociedad y la cultura portuguesa.
Es esta devoción casi religiosa en el arte del mosaico en Portugal que condujo a la creación del Museo del Azulejo en Lisboa.se pueden encontrar las más bellas pinturas murales. 

 Iglesia del Convento de la Madre de Dios   interior 


A los dos siglos de estar construida cuando se le añadió su rica decoración, bajo mandato del rey Juan V. El altar rococó que la preside, fue añadido después del terremoto en 1755.de Lisboa

  Iglesia del Convento de la Madre de Dios Altar Mayor del S.XVIII
 
Convento de la Madre de Deus Siglos XVII – XVIII coro con azulejos en los zócalo

A partir del último cuarto del siglo XVII, y durante casi cincuenta años, llegaron a Portugal varios conjuntos monumentales de azulejos producidos en Holanda.
La superioridad técnica de los azulejos holandeses, concebidos por pintores de reconocido prestigio, como Willem van der Kloet y Jan van Oort, y el uso de tonos de azul, evocando la porcelana china, fueron dos circunstancias que agradaron sobremanera al público portugués. Ese éxito se vio respaldado por la aproximación al gusto portugués en la realización de los conjuntos monumentales.

Museo del Azulejo

En el segundo piso se encuentra un impresionante mural de 23 metros de largo del año 1700 conocido como la Visión de Lisboa, este enorme azulejo panorámico fue realizado a principios del siglo XVIII y se encontraba en el antiguo palacio de los Condes de Tentúgal y que ilustra con detalle cómo lucía la ciudad de Lisboa antes del terrible terremoto de 1755 que acabó con la mitad de las construcciones de aquella época y que hasta estas fechas sigue siendo un hito en la historia lisboeta.


“Visión de Lisboa”  detalle



“Visión de Lisboa” detalle

 Museo del Azulejo  antiguo claustro conventual

El interior del claustro es ahora el museo. Cada una de las salas se distinguen una época. Las piezas más antiguas datan de los siglos XV y XVI; cada pequeño cuadro cuenta una historia propia, o bien, forma una de las partes de la historia completa. Otros azulejos son sólo decorativos, algunos hasta con relieve, haciendo gala de la tradición mudéjar que dominó durante algunos siglos.

 
Además de esta obra artística, la más importante del museo, las tres plantas del mismo verás una amplia colección de azulejos con obras desde el siglo XVI hasta el siglo XX, los cuales se muestras expuestos en las paredes como si de obras pictóricas se tratara.

 


Azulejos que representan a la ciudad de Lisboa

Foto: Laura Barragan

 Siglo XVI

La influencia de Italia y Flandes


El desarrollo de la cerámica en Italia, la novedad que supuso poder pintar directamente sobre el azulejo utilizando esmaltes metálicos (mayólica), permitió abrir el abanico de posibilidades. Las composiciones ampliaron su catálogo de figuras, unas más historiadas, otras más decorativas.
Los ceramistas italianos que se trasladan a Flandes comienzan a divulgar motivos manieristas y temas de la tradición clásica


S.XVI

azulejos con motivo Eucarístico

 Los motivos decorativos evolucionaron desde las filigranas y los encadenados geométricos moriscos hacia temas vegetales y animales, más próximos a la tradición europea. Nos encontramos en la transición entre el gusto gótico y el más puramente renacentista.


Azulejos renacentistas S.XVI
 

Marçal de Matos, Panel de Nuestra Señora de la Vida, ca. 1580





Lisboa Mosteiro de Säo Vicente de Fora claustro

La iglesia o monasterio de San Vicente de Fora es una iglesia de Lisboa dedicada a San Vicente de Zaragoza, proclamado patrón de la ciudad en 1173, cuando sus reliquias se transfirieron del Algarve a una iglesia fuera de las murallas de la ciudad.

 

Lisboa Mosteiro de Säo Vicente de Fora  escalera

El antiguo monasterio agustiniano adyacente, con acceso por la nave, conserva su cisterna del siglo XVI y vestigios del antiguo claustro, pero es más visitado por sus azulejos del siglo XVIII.
 Entre los paneles de la entrada, junto al primer claustro, están representadas escenas de ataques de Alfonso Enríquez a Lisboa y Santarém. Alrededor de los claustros, los azulejos, con escenas rurales, rodeados por dibujos florales y querubines, ilustran las fábulas de La Fontaine. En el antiguo convento profesó como religioso san Antonio de Padua.

Iglesia de Jesús, Setúbal, finales del siglo XVI y S.XVII

Azulejos en serie o de patrón


En el siglo XVII la azulejería de patrón fue la corriente predominante
Una vez que se extendió en Portugal el gusto por los revestimientos cerámicos en espacios monumentales (iglesias y palacios), comenzó a plantearse la cuestión de abaratar los costes.
Los azulejos en serie, producidos en grandes cantidades y fáciles de aplicar, comenzaron a ser entonces utilizados, primero en módulos de 232 y después en módulos mayores, hasta alcanzar, bien entrado el siglo XVII, los módulos de repetición de 12312 azulejos, que generan secuencias diagonales de gran impacto visual..



Iglesia de Marvila, Santarém, S.XVII

El uso de azulejos en serie obligaba a rematar los contornos de las superficies revestidas con marcos o molduras que permitiesen una integración eficaz en los perfiles arquitectónicos.

Lisboa Capela de San Amaro Siglo XVII

La libertad de interpretación

En Portugal los pintores de azulejos se inspiraban en grabados ornamentales que les llegaban desde otros puntos de Europa. Con ellos creaban murales en azulejo destinados a revestir paredes de grandes dimensiones. Ese trabajo obligaba a cierta pericia en el uso y trasposición de las escalas.
Entre esos grabados hay que destacar, en el siglo XVII, los llamados grutescos, motivos profanos de la antigua Roma que el pintor Rafael recuperó en el siglo XVI para decorar algunas salas del Vaticano. Su divulgación por toda Europa hace que aparezcan también en Portugal, en paredes de iglesias, aunque las figuras y la temática tratadas entran dentro del ámbito religioso.


Lisboa Capilla de San Amaro

Dado su carácter fantástico, los grutescos eran muy del agrado de un pueblo acostumbrado al trato con culturas distantes. No es de extrañar, pues, que los pintores de azulejos se inspirasen también en las “chitas”, unos tejidos de algodón estampados provenientes de la India, que se usaron en Portugal como frontal de altar. A veces sus temas aparecen asociados con otros occidentales – siempre dentro de la simbología católica —, dando lugar a una de las muestras más interesantes de transculturalismo dentro de las artes decorativas portuguesas.


Foto: Lisbon lux

 

 Caza de Leopardo S.XVII Lisboa, Museo del Azulejo 

Proveniente da Quinta de Santo António da Cadriceira, Turcifal, Torres Vedras


 

 Iglesia de Madre de Deus, Lisboa, ca. 1700

EL SIGLO XVIII

El Convento dos Cardais o la Igreja da Madre de Deus son ejemplos importantes de obras de talleres holandeses aplicadas en Lisboa. 

Estas importaciones holandesas, obligaron a que los talleres nacionales reaccionaran y solicitasen la participación de pintores con formación académica. De esa manera se daba cumplida respuesta a una clientela cada vez más exigente. Ante estas nuevas perspectivas del azulejo portugués, las importaciones de Holanda comenzaron a decaer. El último gran encargo data de 1715.

En cuanto a la figuración ya había regresado pero abandonando, progresivamente, la policromía y restringiéndose cada vez más al azul y blanco

  
Sintra Quinta da Ribafria Siglo XVIII 

A principios del siglo XVIII los pintores de azulejos vuelven a asumir su estatuto de artistas, dejando estampada a menudo su firma en los paneles.
El precursor de esta nueva etapa fue el español Gabriel del Barco, establecido en Portugal en la última década del siglo XVII. Este artista introdujo el gusto por un tratamiento decorativo más exuberante. 

Sintra Palacio Nacional, Sala dos Brasôes siglo XVIII.  

 Estas innovaciones abrieron el camino a otros artistas. Se inicia así el período áureo de la azulejería portuguesa, el «Ciclo de los Maestros», que supone una reacción ante las importaciones holandesas. Una nota común en estos trabajos es la libertad interpretativa y de trazo «una suerte de original espontaneidad» con que se trabajan las escalas de los grabados, así como una mayor creatividad, aunque ajustándose siempre a los espacios arquitectónicos.
António Pereira, Manuel dos Santos y el monográmico PMP son los pintores más sobresalientes, aunque hay dos nombres que ocupan una posición singular: António de Oliveira y su hijo Policarpo de Oliveira Bernardes.




Firma de Antonio Oliveira, que fue el maestro por excelencia en el tratamiento de las figuras. 


 

Diversificación de los motivos


Albarrada panel de 56 azulejos

El hecho de que los azulejos figurativos estuviesen en sintonía con los espacios (civiles o religiosos) a los que se destinaban, hacía que los talleres almacenasen un amplio repertorio de grabados que iba siendo utilizado según las características de los encargos que recibían.
Escenas religiosas, de caza, guerreras, mitológicas y satíricas se transponían para los azulejos, reinterpretadas cromáticamente de manera libre por artesanos sin formación académica. Unas veces se aplicaban sobre grandes superficies arquitectónicas y otras a escalas más pequeñas, substituyendo la función de la pintura al óleo de la tradición europea.
Para la Iglesia se elaboraron series en formato pequeño, con figuras de santos, emblemas y escenas narrativas religiosas, todavía con toques de ingenuidad si se comparan con los grandes ciclos religiosos del siglo siguiente.

 Lisboa Palacio Fronteira Galería de las Artes  Siglo XVIII

La nobleza,
por su parte, encargaba paneles con motivos profanos destinados a decorar los nuevos recintos palaciegos construidos en Lisboa y sus alrededores tras la restauración de la independencia de Portugal de la corona española, en 1640.


El Palacio de los Marqueses de Fronteira, en Lisboa, es uno de los edificios más emblemáticos de la época. En él surgirán, a la par que temas mitológicos y bélicos, escenas satíricas — llamadas ¿macacarías? (monadas)  cargadas de ironía y disparates



Santo Antão do Tojal Palacios del Arzobispo Figuras de convite Siglo XVIII

La ingente produción del reinado de João V, durante la tercera y cuarta décadas del siglo XVIII se asiste a un aumento sin precedentes de la producción de azulejos. Una de las causas sería también el mayor número de encargos solicitados desde Brasil.
 Los ciclos de paneles narrativos de este período son, en número, los más importantes de la historia de la azulejería portuguesa.
El aumento de la producción condujo a la repetición de los motivos, a la producción en serie de paneles con jarrones o cestos florales y a la simplificación de las escenas pintadas. En este momento ganan una importancia escenográfica relevante los marcos que decoran las escenas.Santo Antão do Tojal



 Santo Antão do Tojal  Palacios del Arzobispos  Figuras de convite

Aun así, tampoco faltarán grandes maestros durante estos años. Prueba de ello es la calidad de la obra de algunos pintores como Nicolau de Freitas, Teotónio dos Santos o Valentim de Almeida.
En cuanto a la temática, junto a las escenas religiosas encargadas por la Iglesia, surgen ahora en los palacios más escenas bucólicas, mitológicas, de cacerías, bélicas o aristocráticamente cotidianas. Un elemento interesante y abundante durante el período en cuestión son las llamadas «figuras de convite»: personajes aislados, en primer plano, vestidos a la usanza de la época, que normalmente aparecen en las paredes de los zaguanes, entradas, pasillos o escaleras interiores.

Capela das Almas e Igreja de S.Ildefonso S.XVIII  Oporto

No sólo desempeña un papel de utilidad como elemento decorativo  por su durabilidad y facilidad de aplicación, pero, sobre todo, la expresión artística, puede muy bien ser de azulejos, murales como un vehículo para la divulgación de la cultura portuguesa a lo largo de los siglos.


Oporto Sé, claustro de los azulejos

La Catedral
data del S.XIV, pero los azulejos se añadieron en el XVIII

Sé de Oporto, claustro

Al claustro de la catedral se accede desde el interior de la misma, por una puerta situada en el lado derecho. Este claustro pertenece al siglo XIV y está decorado con azulejos que reflejan escenas religiosas. El efecto visual es magnífico.

Sé de Oporto capilla del claustro




  EL ROCOCÓ


Palacio de los Condes de Mesquitela, Lisboa, 1750 ·1775.

Mediados del siglo XVIII se produce un giro en el gusto estético de la sociedad portuguesa. En la gramática decorativa se deja sentir la influencia del estilo Regencia francés, pero sobre todo del Rococó, pasado a través de los grabados procedentes de Europa central.
La preferencia por formas orgánicas se manifiesta en la abundante presencia de las típicas conchas irregulares. 

Son composiciones delicadas en las que los efectos decorativos se obtienen usando dos tonos contrastados de azul en algunas zonas y en otras la combinación de varios colores.
Los paneles figurativos de la época muestran, en su mayoría, escenas galantes y bucólicas, vertidas de grabados de Watteau.




Praça do Comercio con la estatua ecuestre del Marqués de Pombal

El terremoto que destruyó Lisboa en 1755
obligó a construir de nuevo buena parte de la ciudad. Una solución capaz de recuperar una arquitectura que, aparecía despojada, fue recuperar la azulejería de serie. Este tipo de azulejo es el “pombalino”, designación que tiene su origen en el título nobiliario de Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal. Como primer ministro de José I (1750-1777), le cupo ser el promotor de la reconstrucción de la ciudad de Lisboa.
 

Mafra Iglesia de San Julián S.XVIII

El Neoclasicismo

Finales del siglo XVIII,
teniendo como foco principal la Real Fábrica de Loza de Rato (Lisboa), la azulejería asimila el neoclasicismo, estilo internacional divulgado a través de los grabados de Robert y James Adam y asociado en la producción de azulejos portuguesa a los paisajes de Jean Pillement.
Los paneles ocupan ahora sólo los zócalos y se articulan con paredes pintadas al fresco o sólo blanqueadas y desnudas. Esta producción es, sin duda, una de las más sorprendentes de la azulejèría portuguesa.
Los nuevos motivos narran historias de ascensiones sociales o representan figuras elegantes de la época. Mientras tanto, la Iglesia continúa demandando sus tradicionales ciclos religiosos y la nobleza sus temas preferidos hasta entonces.


 Siglo XIX


Las fachadas de azulejos


Son la afirmación definitiva del poder de una burguesía ligada al comercio y a la industria, nacida tras el caos económico que supusieron para Portugal las invasiones francesas (1807-1811) y la guerra civil entre absolutistas y liberales (1832-1834), emerge un uso nuevo del azulejo.
En la segunda mitad del siglo XIX, el azulejo en serie, de menor coste, cubre miles de fachadas. Las fábricas más importantes se localizan en Lisboa (Viúva Lamego, Sacavém, Constância, Roseira) y Oporto-Gaia (Massarelos, Devezas), al norte de Portugal.


Lisboa, Fachada de azulejos, Largo Rafael Bordalo Pinheiro, Ferreira das Tabuletas, 1864.

El uso de técnicas  industriales permitió una producción mayor y una repetición rigurosa de los patrones pintados. Las fachadas de azulejos, con su variaciones de color y luz, y los marcos de puertas y ventanas en cantería son dos elementos fundamentales del paisaje urbano portugués.



 Fachada de azulejos, Campo de Santa Clara, Lisboa, Ferreira das Tabuletas,

Siglos XIX · XX

El ecleticismo

El revestimiento sistemático de las paredes de edificios de apartamentos y la producción industrial con patrones repetidos no anuló la supervivencia de composiciones «de autor». Entre los artistas del siglo pasado destaca Luís Ferreira (1807-?), más conocido como Ferreira das Tabuletas. Fue autor de exhuberantes paneles con motivos florales, árboles y figuras alegóricas, convertidos en trampantojos, son obras de gran originalidad que reflejan el eclecticismo romántico de la sociedad

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Oporto Estación de ferrocarriles de San Benito fachada


 Oporto Estación de ferrocarriles de San Benito panel de azulejos

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Oporto Estación de ferrocarriles de San Benito hall de entrada

 

 

 
 

«Ribeira Negra»,Júlio Resende, Oporto


Siglo XX:


La renovación de los años 50: los ceramistas

La vía de recuperación de Jorge Barradas (1894-1971) permitió que los artistas más jóvenes se interesasen por la pintura sobre azulejo, como ocurrió con Manuel Cargaleiro (1927); permitió explorar las posibilidades estéticas de la plasticidad del barro y del azar inherente al manejo de los materiales, como se percibe en las planchas de revestimiento que Querubim Lapa (1925) realizó a finales de los 50 y en las décadas siguientes; así mismo, motivó la aplicación de un pensamiento visual moderno a la cerámica de revestimiento, como bien ilustran los trabajos desarrollados por Cecília de Sousa (1937) y Manuela Madureira (1930), Paolo Ferreira (1911) y María Kell.
En Oporto, el pintor Júlio Resende (1917) lleva a cabo desde 1958, en sintonía con proyectos de arquitectura moderna



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